Diagnóstico: Escopofilia
Curioso diagnóstico, en el (in)mundo contemporáneo, donde una ya de por si débil función orientativa alcanza a desplazar la nostalgia de manera crítica. Desplaza y comprime, por eso “paradoja”. Nostalgia del propio presente. Desplaza a la nostalgia y la hace coincidir con el propio presente: posición, alineación y dirección. Así es como expertos y gestores cumplen con su deber mientras ustedes miran. Una farsa, una ironía inmensa, un baile de máscaras, una epidemia. La agonía del poder, en palabras de Jean Baudrillard, la parodia de los signos del poder, una realidad irrecuperable, una distorsión de los valores, modernismo licuado. Esto es Trump. Y esto. Y esto. Nostalgia y utopía desplazadas, en un solo gesto, cautivas de una metáfora convertida en un fetiche.
Catarsis. El terapeuta en esta situación debería, al menos, aún con la pluma en la mano y antes de escribir diagnóstico alguno, interrogar al coro de esta pseudo tragedia. Una consulta sincera a la que responde el maestro Vargas-Vila: “prefiero siempre un solo de flauta a todos los coros del Tannhäuser”. Solo de soledad y sin excusas, incluso ante la justicia. Puede recomendar, incluso prescribir, se han observado avances en la provincia de Analgesia, se ha optado por la sedación del paciente, se ha sugerido la sedación del terapeuta y de su equipo, se ha conseguido anestesiar el sistema entero, sin escándalo, un fenómeno de índole incendio en este desierto donde todo arde dos veces, un grito de dolor que sufre quien lo emite y quien lo escucha. Espejito, espejito… Es esto infierno si me gusta como quema?
Una tesis. La última gran narrativa despues de la era del fin de las grandes narrativas. La coincidencia exacta de la materia con su propio peso. No queda rastro de espesor fuera del laberinto de las convenciones, de la norma, palabras vacías que, en principio, gozan todas de igual valor. Saturación. Realitätsprinzip. Un hechizo. Un ritual que atenúa cualquier posibilidad de distancia. Qué distancia? La medida exacta: la distancia justa y necesaria para domar una pantera.
En medio de este fango, finalmente, lo decisivo no es tanto el éxito del “combate” sino el saber hacer, superar la traición de las imágenes sometidas a la industria del relato, es decir, inventar relaciones. Selección, corrección, intensificación y afirmación. Llevar la potencia de lo falso a un punto donde se realiza, no ya en la forma, sino en la transformación. A pulso. Ahora.
Ramón Rodríguez (1983) vive y (no) trabaja en Berlín desde 2011.